Toma de contacto
El primer día al empezar cualquier proyecto es, por definición: emocionante.
Cualquier emprendedor que se precie sabe que, por mucho que no esté perfecto, lo importante es tener un MVP (minimum viable product), el resto, ya irá saliendo.
Así empezamos el primer día: entramos en el local, queriendo abrir cuánto antes: nuestro primer intento de día cero. Queremos abrir dos horas al final del día, soslayando todos los problemas. Solamente intentándolo, sabes lo que te falta para conseguirlo.
El local debería estar ya casi acabado -según el último sprint de nuestro plan- para poder dedicarnos a dibujar procesos. Pero cuando entramos, nos damos cuenta de que el local necesita una mano -o dos- de limpieza, a pesar de que ya ha sido limpiado varias veces. Así que, nos arremangamos y nos ponemos a ello mientras los ciudadanos BTV (Badalona de Tota la Vida, como se autodenominan) asoman la nariz para saber qué está pasando ahí dentro. No tendremos problemas para promocionarlo, Badalona está ardiendo en expectativas por saber qué será del antiguo “Can Teixidó”, la cafetería que durante tantos años fue un lugar de encuentro para ellos.
Por la noche, ya nos da tiempo a hacer los primeros procesos de cocina:
- ¿Con qué secuencia cocinaremos cada receta?
- ¿Dónde vivirá cada objeto? (Las cosas viven donde se usan)
- ¿Qué nos hace falta para cada receta?
Usamos post-its para hacernos a la idea de todo el material y materia prima de cada receta, y los ponemos donde irán. Así también calculamos recipientes.
Pensamos un sistema pull entre todos, de forma que produciremos solo lo que necesitamos.
Nos faltan los enchufes, nos faltan desagües, una nevera no funciona, falta una pica, las mesas están estropeadas, pero el local está limpio, y sabemos que, dentro de muy muy poco, empieza l’Experiment.

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